Después de unas semanas de reflexión tras el capítulo más duro de mi vida, pensé mucho en como quería desarrollar todo a partir de ahora, aún no lo tengo muy claro, pero dejaré fluir todo lo que pasa por la cabeza, corazón y alma.
En los tiempos que corre, cada vez estamos mas concienciados con enfermedades como el cáncer, por desgracia cada vez es mas frecuente que tengamos un familiar cercano pasando por esto, claro está, que todavía estamos muy lejos de una concienciación plena, pero tenemos mucha información a golpe de un clic en internet, telediarios, o esas grandes asociaciones que tanta ayuda prestan a todos, simplemente compartiendo experiencias en primera persona. Cuando alguien a nuestro alrededor enferma, en esta era tan digital, parece que encontramos un poco de consuelo en escuchar a esas personas que están atravesando por ello, incluso nos guían, tanto al enfermo a identificar síntomas o sentirte un poco menos solo, como a las familias a hacer un acompañamiento respetuoso. Hablo con conocimiento de causa, mis padres, ambos, lo padecieron. Gracias a todos los avances, los dos lo superaron y siguieron con su vida.
Pero, ¿y el ictus?, tengo la sensación que para nada tenemos esos conocimientos que con tanto esfuerzo y visibilidad tiene el cáncer, es una enfermedad que cuando toca tu puerta, todo se desvanece, entra sin avisar, sin esperarlo, simplemente hace acto de presencia y destroza a la persona que lo ha sufrido, pero también a la familia completa. Por suerte hay casos leves, que con una actuación temprana y un buen plan médico, pueden seguir adelante, otros en lo que quedan secuelas leves, pero hay otros, que cuando vienen deja una patología tremenda, irreversible, que te puede mantener enfermo muchos años, o que te arrebata la vida en unas pocas horas. Mi madre sufrió varios de este último, luchó, como no había visto a nadie jamás luchar, pero la enfermedad pudo mas que ella, y tras tres largos años, cansada y sin armas para poder vencerlo, sus ojos se cerraron para siempre.
Tres años dan para mucho, voy a contarte como pasó y como la vida tal y como la conocíamos, perdió todo el sentido.
Tenía 59 años cuando todo cambió, una mujer joven, llena de vitalidad, a la que le encantaba salir los findes de semana con sus amigas, tenía sus achaques, pero nada grave. A mediados del mes de Julio del año 2022, de madrugada, nos comunican que mi madre está de camino al hospital, grave, al parecer había sufrido un ictus, pero hasta que amaneciera no nos iban a dar mas información. Bastante desorientada, cogí el coche, llegué a la clínica, subí en el ascensor y cuando se abrieron las puertas, algo invadió todo mi ser, de inmediato supe que algo no iba bien, caminé por ese largo pasillo, frío, a pesar de estar en pleno verano, mis pasos eran lentos, algo me decía que cuando cruzara la puerta de la habitación, mi vida y la de mi familia no volvería a hacer como la de hasta ahora, no tenía miedo por mi, tenia miedo por ella, ¿Cómo iba a estar? ¿me conocería? ¿estaría despierta?.
Cada paso me acercaba a un Nº de habitación del que salía un ruido de una máquina bastante intenso, no lo pensé y atravesé esa puerta como la persona que siempre había aparentado ser, fuerte, dura, madura, la que podía con todo, la que mantenía siempre la compostura en momentos difíciles… ahí estaba ella, aparentemente durmiendo, conectada a varios aparatos, todos pitaban, pero me costó unos segundos digerir aquella escena y acercarme a los pies de su cama a comprobar que estaba sucediendo.
Cuando me llené de valor, me puse en el lado izquierdo, le cogí la mano, la tenía templadita, pero no reaccionó a mi contacto, la llamé, varias veces, mi boca solo sabia esbozar -mami-, pero para mis adentros sabía que no iba a despertar y que de inmediato debía tomar acción. Al comprobar que no había señales, miré esa dichosa maquinita que no dejaba sonar, 27/17 marcaba, ahí fui verdaderamente consciente de la gravedad, su compañera de habitación terminó por confirmarlo. -Mi niña, lleva un rato así y nadie viene a verla-.
Corrí y en medio del pasillo, me puse a gritar a pleno pulmón por ayuda, en pocos segundos aparecieron varias enfermeras y tras hacer las comprobaciones oportunas, comenzaron a tocar los timbre de emergencia, salieron fuera y a voces también, gritaron un número, imagino que sería algún código que tienen entre ellos para saber la gravedad o no del paciente, en nada aparecieron varios médicos con batas blancas, a toda velocidad, me apartaron de la cama y tomaron el espacio. Entré en shock, me quedé pegada a la pared, observando todo lo que hacían, no pestañeaba, solo quería despertar de aquella pesadilla, pero no me permití en ningún momento llorar, ni demostrar debilidad, me mantuve entera en todo momento.
Todo el esfuerzo de los médicos eran en vano, mi madre no conseguía despertar, con la locura del momento, nadie se percató que yo estaba presenciando todo aquello y por eso cuando se dieron cuenta me invitaron a salir, me negué en rotundo, les dije que yo no iba a moverme para no estorbar, pero que por favor me dejaran estar presente. Lo hicieron pero solo unos segundos, la cosa se iba complicando por momentos por lo que cuando la situación se volvió de extrema gravedad no me dieron opción y una enfermera me acompañó hasta la puerta. Permanecí quieta, muda, esperando impaciente a que salieran y me dijeran que todo estaba controlado.
A lo lejos vi venir seis médicos con batas verdes, empujaron la puerta y se metieron. Aquellos 10 minutos fueron los mas largos de mi vida hasta entonces. Por fin veía a alguien salir de la habitación, un médico se acercó y me preguntó si yo era familiar, le contesté rápidamente que si, que era su hija, preguntó si había venido sola y volví a decir que si. Hasta ese momento no había contactado con nadie, ni con mi marido, ni con mi padre, y mucho menos con mi hermana, que estaba embarazada de 7 meses. Quería saber 100% que estaba pasando, para no preocupar antes de tiempo.
Ese doctor me tomó de la mano, con voz calmada y cariñosa me dijo que debía llevársela de urgencia a hacerle una tac, que cuando tuvieran noticias me avisarían de que estaba sucediendo, pero que ellos creían que le estaba repitiendo un segundo ictus. Me intentaba transmitir serenidad y en ese preciso instante, salieron los 13 sanitarios que estaban con ella, empujaban la cama de mi madre, mi primer instinto fue tirarme encima de ella, darle un abrazo, un beso, decirle tranquila mami, te quiero. Ellos respetaron esos segundos que tuvimos para después alejarse hasta que mi vista los perdió a lo lejos.
Fueron 45 minutos de espera, pasaron como horas… jamás pensé que pasaría todo lo que vendría después.
Observé salir de un ascensor a un puñado de médicos, los mismos que habían estado en su habitación un rato antes, detrás los celadores empujaban la camilla, parecían serenos y desde que vi aquella escena mi cuerpo tomó un respiro, pensé, si está aquí es porque no es tan grave y lo peor ha pasado.
Le volví a tomar la mano mientras nos dirigíamos a su cuarto, ella seguía igual de dormida, una enfermera me detuvo justo antes de cruzar la puerta, mientras todos entraron con ella, excepto uno, con bata blanca, pelo largo, mascarilla y gafas. Sí, por aquel entonces todavía teníamos muy presente la pandemia y en los hospitales debías seguir usando la dichosa mascarilla.
Ese hombre también fue cercano y cálido, me volvió a preguntar si estaba sola y tras mi afirmación me dijo; -Dame un segundo, termino dentro y vengo para reunirnos. Justo ahí se apoderó de mi el miedo, nuevamente, esa sensación de que algo grave pasaba. Esperé hasta que volviera y cuando lo hizo solo pronunció una frase: -acompáñame a mi oficina, hablaremos mas tranquilos allí.
Lo que pasó en aquel despacho lo tengo grabado en mi mente, recuerdo todas sus palabras, todos sus gestos, su nerviosismo…recuerdo cada detalle como si el tiempo no hubiese pasado.
CONTINUARÁ…

